21/04/2019

¡Pérez qué te traje!

Hace una semana

¡Pérez qué te traje!

Enzo se reinventó y hoy conduce al equipo desde el medio con llamativa eficacia en los pases. Cuándo hizo el click y cómo llegó a este nivel.

Enzo se reinventó y hoy conduce al equipo desde el medio con llamativa eficacia en los pases. Cuándo hizo el click y cómo llegó a este nivel.

Podrá completar más pases, quitar más pelotas o meter cinco goles de chilena. Pero para Enzo Pérez siempre habrá un “mejor partido”: el 3-1 ante Boca en el Bernabéu. La victoria en Madrid le quitó una espina, aunque no fue el zenit de su estadía en River: sólo una ratificación de una transformación que se empeñó en lograr tras un golpe doloroso. Una piña del pasado que lo hizo aprender y lo convirtió en la versión que hoy Núñez tanto disfruta.

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A Enzo le sellaron el pasaporte en Migraciones en junio de 2017. Recorrió el hall del Pistarini con la esperanza de que su regreso a la Argentina fuera como lo había soñado. Jugando en River, el cuadro que lo había enamorado desde su infancia en Maipú, y siendo campeón de la Libertadores. Sin embargo, cuando parecía que se le cumplirían los anhelos, sufrió una de las tristezas más fuertes de su carrera: la eliminación copera ante Lanús, polémica e inventaron el VAR de por medio. Titular en el Sur, salió cuando el juego iba 2-2. El 2-4 lo noqueó. Le costó recuperarse. Lo afectó más de lo que esperaba: varias veces sus amigos fueron sujeto de catarsis para que desahogara su dolor. Su arranque de 2018, con desniveles, tampoco lo ayudó a despabilarse. Llegó a junio con un ticket de emergencia al Mundial: la baja de Lanzini le otorgó un bonus track y lo obligó a dejar sus vacaciones en Río y volar a Rusia. Antes, obvio, le había pedido al Cristo Redentor-durante una excursión- ganar la Libertadores. Tenía la espina clavada.

Con el Pity Martínez, en pleno festejo en la cancha del Real post 3-1. ¡Qué locura!

Con el Pity Martínez, en pleno festejo en la cancha del Real post 3-1. ¡Qué locura!

A la vuelta de Moscú llegó el click. Sintió que debía recuperar el terreno perdido con Palacios. Se focalizó en ser aquel jugador que salió de Valencia siendo capitán y referente. Intensificó los trabajos en doble turno (aún tiene una rutina especial que completa en su casa, siempre monitoreada por los profes de River). Se puso como meta una doble revancha: en la Copa y en el equipo. Desechó la oportunidad de volver a Europa cuando el Sporting Lisboa insistía en tenerlo. Se quedó para despegar. Y lo hizo.

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Enzo convenció a Gallardo. Se convirtió en un volante de quite y juego, con estadísticas que fueron mejorando partido a partido (Independiente, Racing, Gremio) hasta llegar a las finales con Boca. En Madrid jugó bárbaro: de hecho, dio más pases que todo el mediocampo de Boca (105 contra 74). Y completó su Copa con el título que tanto había querido. No sólo eso: encima la cerró siendo el jugador más preciso en los pases y el que más quites hizo.

Fue una de las figuras ante Alianza Lima, por la Libertadores.

Fue una de las figuras ante Alianza Lima, por la Libertadores.

Puede describirse, a partir de esos dos datos, cuáles son los rasgos del nuevo Enzo Pérez. Un jugador que ordena líneas como Marie Kondo, que se desempeña como primer pase retrocediendo a la zona del volante tapón pero que también otorga soluciones diez metros más adelante, en el hábitat de los creativos, donde también se siente cómodo. En el 3 a 0 a Alianza Lima mostró un rendimiento superlativo. De lo mejor que se le vio. Aunque, claro, no fue el nivel top. Siempre será el de Madrid, ante Boca, su gran partido. Por historia. Por valor sentimental. Porque ahí sí logró saldar sus deudas. Con River, y con él mismo.

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