25/03/2019

Jorge Barraza: Otro noacut del Barça en el Bernabéu

El pasado Viernes 01

Jorge Barraza: Otro noacut del Barça en el Bernabéu

El Madrid tiene 43 goles en 25 fechas de la Liga. El Barça, 65. Por ahí pasa la explicación de esta nueva versión del clásico. De los últimos 17 duelos en el Bernabéu, el Barcelona ganó diez, cuatro el Real.

El Madrid tiene 43 goles en 25 fechas de la Liga. El Barça, 65. Por ahí pasa la explicación de esta nueva versión del clásico. De los últimos 17 duelos en el Bernabéu, el Barcelona ganó diez, cuatro el Real.

Buenos Aires -

Fue un gesto casi inadvertido, pero que explica muchas cosas; en el minuto 73 se produjo un cambio en el FC Barcelona: entró Arturo Vidal por Luis Suárez. Al salir el uruguayo, Ernesto Valverde intentó darle la clásica palmadita que se traduce en “bien, bien, Luis…” Pero el Pistolero lo obligó a más, buscó darle un abrazo al entrenador que acababa de sacarlo.

La efusividad tiene dos lecturas: 1) el agradecimiento por el respaldo que le dio durante su extensísimo bajón futbolístico y goleador; 2) refleja la notable relación que los futbolistas blaugranas mantienen con el ubicadísimo DT. Que jamás se complica. Es un Sergio Busquets con buzo, todo simple y al pie, nunca un lío con el vestuario, ningún problema con la prensa, la dirigencia o el público. Va por la vida ligero de equipaje.

Y en un grupo de estrellas la armonía en la convivencia es posiblemente el bien más preciado. El pasado 9 de febrero Valverde cumplió 55 años, todos los jugadores le dedicaron una cariñosa manteada en el centro del campo; y fueron ellos quienes forzaron en buena medida a la directiva para que le renovaran un año más. Lo quieren y ya sabemos lo que significa en el fútbol cuando la tropa aprecia a su comandante: se juega por él. Es buen síntoma para lo que le espera al Barcelona.

Porque el 3-0 del miércoles en Copa del Rey es muy edificante, pero aún no levanta ningún trofeo, debe ganar la final. La Copa del Rey es muy atractiva, tiene enorme tradición y es bonito conquistarla, aunque muchos digan que es una copucha (siempre la desmerecen los que no la ganan). El Barça buscará la quinta consecutiva, lo que sería un récord absoluto en sus 114 ediciones. Le gusta ese trofeo y hace bien en luchar por él. Todos los títulos importan. Además, un plantel que cobra 562 millones de euros anuales en salarios no puede tirar Copa y Liga con el argumento de que busca la Champions, debe intentarlo todo. Intentarlo, ganar es otra cosa, no siempre se puede.

Real Madrid 0, Barcelona 3. Partido raro: se hablaba de la falta de gol del Barcelona, que mucho pase y pocas nueces; también del extenso bajón de Suárez; del otro lado, se pondera siempre la contundencia del Real Madrid, que con mínimo juego siempre llega al gol. Se dio vuelta todo como en un reloj de arena que se vació de un lado y empieza del otro. El Madrid hizo un admirable primer tiempo, con intensidad, dominio, presión, ataque y varias situaciones de gol. Pero no la embocó, viejo drama del fútbol que los brasileños grafican con su proverbial concisión: “quem não faz, leva”. Y llevó.

Los 5 primeros minutos de la segunda etapa eran idénticos: un Madrid avasallante y un Barcelona titubeante. Hasta que Jordi Alba puso un pase magnífico por su andarivel izquierdo a Dembelé; el ascendente punta francés desbordó al siempre adusto Carvajal y tiró un espléndido centro atrás al área; le cayó justo a Suárez, que sin pararla ni dudar, en modo matador, anticipó a Sergio Ramos y la incrustó en el ángulo izquierdo bajo. Ni el formidable Keylor Navas pudo hacer nada. La turbación catalana y el empuje madrileño duraron todavía 19 minutos más.

Hasta que Semedo (cada día mejora un poco más, como una hormiguita que suma dos palitos por día), puso un gran pase a Dembelé, esta vez por derecha y Ousmane, con su frescura despreocupada, clavó otro cuchillazo en el corazón del área para Suárez. En el afán de impedir el toque del uruguayo, la mandó adentro Varane. De una forma u otra era gol igual. Ahí sí murió un partido y nació otro. Se tranquilizó el equipo de Lionel Messi, quien pasó casi inadvertido por el clásico. Debe haber gastado una caloría en total, Leo. Pero, bueno, es justo que alguna vuelta inviten los otros.

Sergio Ramos buscó despertar a su banda -fue captado por la cámara-: “¡Vamos, que nos hacen seis…!”, gritó. El zaguero madridista sabe, tiene el lomo curtido por tantos latigazos azulgranas en todos estos años. Son muchas derrotas, demasiadas goleadas y bailes. De los últimos 17 duelos en el Bernabéu, 10 ganó el Barça, 4 el Madrid y 3 fueron empates. Abrumadora supremacía visitante. Ter Stegen ratificó una vez más que puede estar siendo el mejor arquero del mundo, mejora cada temporada y ahora salva partidos muy, muy seguido. Busquets es fenomenal siempre, pero especialmente en estos partidos. Su brillantez posicional, el destino perfecto que le da a cada balón y sobre todo su barcelonismo ya hacen temer el día que se retire.

Pero la gran noticia para el Barcelona es el retorno de Suárez. Hasta el gol seguía sin jugar bien, sin estar fino con la pelota; apareció en un momento oportunísimo, porque ese primer arponazo rescató al Barça del hundimiento (debía marcar sí o sí al menos una vez) y alteró al Madrid. Ojalá sea el punto de partida de su levantada definitiva, el fútbol recuperaría un crack.

La gran noticia para el Barcelona es el retorno de Luis Suárez. Hasta el gol seguía sin jugar bien,. Ojalá sea el punto de partida de su levantada definitiva, el fútbol recuperaría un crack".

El oriental es un azote para el Madrid, 11 goles le lleva hechos. Ya cuando fichó por el Barça, en julio de 2014, se sabía que nacía un problema para los Pepe, los Ramos, los Casemiro. Con él no se puede jugar a la brava ni de boquilla, no funciona; hay que contemporizar, hablar de cosas mundanas, del tiempo, el colegio de los chicos, lo cara que está la vida en Barcelona... pero con matoneadas no va, saca el tigre de adentro y se transforma en un tanque de guerra que te pasa con las orugas por encima.

Y luego de arrasar a la defensa blanca, Casemiro le cometió penal. Era la noche de Suárez y Messi tuvo la gentileza de dejarle el tiro para que la coronara. El salteño se quitó el traje de matador y se puso el frac: le picó el penal a Keylor Navas. Un Panenka, como se dice, por Antonín Panenka, el checo que inventó esta modalidad en los penales nada menos que en la final de la Eurocopa de 1976. Alemania y Checoslovaquia habían igualado la final a 2 y tocaba definir por tiros desde el punto del penal. En el último disparo, a Antonín se le ocurrió hacer una vaselina, algo que no se había visto nunca desde los 12 pasos. Y nada menos que a Sepp Maier. El golero fue a una punta, el balón entró despacito por el medio y fueron campeones. Se necesita mucha audacia, sangre fría y una cierta dosis de locura para hacerlo. En homenaje a tal genialidad, quedó instituida para siempre ese tipo ejecución como “un Panenka”.

El Madrid sintió una vez más cómo el gol viene racionado. Como si estuviera en Venezuela y le dieran un vale por un gol cada tres partidos. Y cada vez que queda en cero todos sienten añoranza por Cristiano Ronaldo. Está Vinicius, un chico con muchos más recursos que Cristiano para el mano a mano, pero no tiene el arco entre ceja y ceja. Lo tiene entre ceja y oreja. Siempre desvía el remate, se le va alto, se resbala, le sale débil… Igual es la gran esperanza madridista, por habilidad, velocidad, potencia y atrevimiento. Por ahora, necesita de un goleador al lado.

El Madrid suma 43 goles en 25 fechas de Liga. El Barcelona, 65. Por ahí pasa un poco la explicación de esta nueva versión del clásico planetario. (O)

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