18/11/2018

Jorge Barraza: El VAR, primero transparencia, después polémica

El pasado Jueves 08

Jorge Barraza: El VAR, primero transparencia, después polémica

Cuando el VAR funcione como un reloj, los favores arbitrales –que existieron toda la vida– van a disminuir hasta casi desparecer.

Cuando el VAR funcione como un reloj, los favores arbitrales –que existieron toda la vida– van a disminuir hasta casi desparecer.

“El VAR vino a limpiar el fútbol, a transparentarlo”, declaró a La Nación en una larga entrevista Néstor Pitana, el árbitro que abrió el Mundial con Rusia-Arabia Saudita y lo cerró con Francia-Croacia. Curioso: no eligió el término mejorar, habló de higiene. Es lo que los detractores de esta tecnología (ya quedan pocos) no logran advertir: cuando el VAR funcione como un reloj, los favores arbitrales –que existieron toda la vida– van a disminuir hasta casi desaparecer. “No puedo hacer nada”, van a terminar diciendo algunos jueces. Y será cierto, no podrán. Todavía falta para eso, pero va a llegar.

En su columna ‘Una VARbaridad’, publicada en Clarín, el admirado John Carlin expone un punto de vista respetable, incluso gracioso, como es su estilo: “No entienden que sin injusticia el fútbol pierde su encanto y su singular capacidad de generar dinero: deja de ser el deporte favorito del mundo, el tema de conversación más grande que hay. Sin la injusticia el fútbol se convierte en otro deporte más, como el tenis, o el baloncesto. Cuando termina un partido de tenis o de baloncesto no nos pasamos una hora, una semana, un año o una década discutiendo si el resultado fue justo o merecido. No. Aceptamos que Nadal mereció ganar a Federer o que hubo justicia en la victoria de los Chicago Bulls sobre los San Antonio Spurs, y a casa. Nada más que hablar. Es una visión de un mundo perfecto, un mundo irreal”.

Pero cuando te barren de una Libertadores o de una Champions metiéndote la mano (y sabes que te la han metido), no es tan simpático como lo pinta Carlin. El veneno te queda inoculado por años. Es cierto, nunca Nadal o Federer ganan un grand slam porque los favoreció el umpire. En el fútbol sí, mil títulos hubiesen caído en otras manos sin la piratería o la incapacidad de los réferis.

Puede que haya muchos Carlin que adoren la injusticia o la discusión de bar. A los hinchas, que aman y sufren, no tanto. Para estar radicado en España, sorprende la candidez de John. Y se dice esto con el máximo respeto por un magnífico periodista.

Vuelve Pitana: “Obviamente habrá que tener paciencia, es un elemento nuevo y va a llevar un tiempo de adaptación, de aprendizaje, estamos todavía en ajuste. Pero el VAR llegó para quedarse”. Cristian Grosso, enviado de La Nación a Misiones (donde vive el silbato mundialista), le preguntó si el árbitro pide el VAR a la cabina o al revés. Respondió que, en el Mundial, a veces consultaba él o a veces el equipo de video le decía “Delay, delay”, que no reanudara el juego y a continuación “te sugerimos ver de nuevo la jugada”. No hay un protocolo definido, se va viendo sobre la marcha. “Por eso, lo que hay que aceitar bien es el mecanismo: cuándo el árbitro pide la intervención del VAR o cuándo el VAR se mete”. Contó que, en Rusia, él relataba por el intercomunicador las jugadas importantes para que los oficiales de video supieran qué estaba sancionando: “Foul, lo toca abajo desde atrás y para mí es amarilla porque era un ataque prometedor. Amonesto al número 5. El VAR me respondía: ataque prometedor, toca abajo, amarilla al 5, sí, correcto”.

Desde luego, como todas las modificaciones que experimentó el juego, necesita ser calibrado hasta llegar al punto óptimo, pero se impondrá. Y lo hará para bien. Habrá que unificar criterios, preparar árbitros exclusivos de VAR, luego marchará sobre ruedas y ni se hablará más del tema, será naturalizado, sobre todo por los jóvenes que nacen al fútbol ya con esta herramienta incorporada. Ellos no entenderán que en el pasado se anotara un gol con la mano y fuera validado existiendo evidencia clara de falta. O que un equipo se coronara campeón con un penal que no fue. El fútbol nunca perderá su esencia ni se convertirá en tenis o NBA, la pasión que genera está muy por encima de todo.

El último clásico español es una muestra del cambio rotundo que significa esta revolucionaria innovación: Barcelona ganaba 1-0 con clara superioridad y hubo un penal de Varane a Luis Suárez que para el juez pasaba de largo. No lo advirtió y siguió el juego; desde la cabina le avisaron que podía ser falta, ameritaba verla en video. Lo hizo, comprobó que efectivamente era penal y Suárez marcó el 2-0. En otro momento, continuaban 1-0, luego, lo que fue el descuento 1-2 de Marcelo hubiese sido empate. Y con el envión anímico y futbolístico que impulsó en el segundo tiempo, el Madrid no solo igualaba, tal vez hasta lo daba vuelta. Así ha sucedido en miles de partidos a lo largo de los tiempos. Pero siguió arriba el Barsa gracias a aquel penal y luego lo remachó 5 a 1. Allí, el VAR impidió que se alterara el resultado.

No obstante, el clásico fue bellísimo y se habló una semana de la goleada. No perdió nada el fútbol por ser más justo. Ni se desnaturalizó el juego ni se paralizó ni hubo ninguna otra tontera de las que hablan los agoreros.

El público televisivo, o sea el mayoritario, ya tiene su VAR: es la transmisión. Si quedan dudas, repite diez veces las jugadas hasta dilucidar. El árbitro no, dirige en un solo tiempo: presente.

Lo puede engañar el sol, la rapidez de una jugada, un ángulo tapado o la simulación de un jugador. El VAR es justamente su salvavidas, su red de contención para no quedar en ridículo públicamente ante millones. ¿Por qué no dársela…? ¿Por qué dejarlo desamparado y luego vituperarlo…?

Ahora bien, habrá que pulirlo, capacitar muchos jueces de cabina y también pensar en retoques puntuales. Para que un árbitro no tome la misma sospechosísima actitud del juez brasileño Daronco en River-Independiente, quien se opuso tenazmente a revisar el VAR en la jugada del penal de Pinola a Benítez (era penal y expulsión de Pinola estando el juego 0 a 0), sería sano que se permita a cada equipo pedir VAR aunque sea una vez por tiempo en alguna acción polémica, cuando se siente perjudicado. Entonces se podrán contrarrestar las decisiones daronquistas y darle aún mayor garantía al arbitraje. No se trata de rearbitrar el partido, como algunos sostienen. Se trata de que, si el juez se descarrila, encarrilarlo con el VAR. Ese penal de Pinola cambió el curso de esta Libertadores.

Es tan nuevito el VAR que no merece que se lo apalee; sobre todo cuando en un 99% de los casos en que intervino, acertó. El problema no es el procedimiento ni el recurso tecnológico, sino los humanos que lo manejan. Pero es preciso dar tiempo. Cuando hayan pasado diez, quince o veinte años de su aplicación se verá con exactitud lo que significó el VAR en el fútbol.

Veremos si los clubes que hasta ahora han ganado muchos títulos en serie gozando de caricias arbitrales son capaces de continuar el mismo ritmo de conquistas con el VAR de por medio.

Lo dudamos bastante. (D)

El público televisivo, o sea el mayoritario, ya tiene su VAR: es la transmisión. Si quedan dudas, repite diez veces las jugadas hasta dilucidar. El árbitro no, dirige en un solo tiempo: presente.

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