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Pelucón y con un perfil muy de caricatura, el Messi del 2008 era una huracán de gambetas y cambios de ritmo que doblegaban rivales y fracturaban cinturas.
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En ese soundtrack de la vida que es la voz de Daniel Peredo narrando la corrida de Vargas para el gol de Fano, un chiquillo Messi contemplaba los esfuerzos inútiles de Cambiasso por detener en la banda al ‘Loco’.
Usaba la 19 y en un intento por superar a Walter Vílchez, tras recibir de Riquelme, Messi fue interceptado por un jovencísimo Carlos Zambrano (le dio su chiquita varias veces) para dar inicio a uno de los goles más gritados en la selección peruana.
Era el Messi de Guardiola, el extremo derecho con tendencia a enganchar hacia adentro, el gambeteador terrible que se fue con una mueca de fastidio del Monumental de Lima.
Nadie celebró ver a Messi. Tampoco a Fano. El celebrado, ese día, fue Vargas.

La segunda vuelta en el 2012
La segunda vez en el 2012, en el Nacional de Lima. Ya con Messi consolidado como la máxima estrella de la élite mundial y que ese año ganaría su segundo Balón de Oro. Otra vez Zambrano en la foto, esta vez para anotar el 1-0.
Messi, hegemónico en Europa, esa noche fue humano. Abrumado por la férrea marca, hizo poco, casi nada. Deambuló incómodo entre las piernas del ‘Mudo’ Rodríguez y Zambrano, siempre al compás de “Cristiano, Cristiano, Cristiano”, que coreaba un estadio repleto.
Parecía la noche soñada para el equipo de Markarián pero el ‘Pipita’ Higuaín salvó el empate para los argentinos. Messi estuvo en Lima solo para sumar millas de viaje.
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Su experiencia con Neymar
Un año después, el 2013, Messi seguía deleitando en el Barcelona como una máquina salvaje de hacer goles. Desde fuera, dentro del área, de bolea, de izquierda, de derecha, de cabeza, llevándose a todos, burlando al arquero. Ese año vino a Lima en su primer amistoso.
Otra vez el estadio Nacional fue el escenario elegido. Un sábado por la noche que no alcanzó a llenar las graderías por los altos precios. Ese año fue de éxitos, pero también de lesiones. En Lima no se vio mucho, a medio trotar por ser un amistoso, la mejor versión del argentino se quedó en los videos.
Messi, que jugó 66 minutos, anotó un doblete con definiciones de entrenamientos pero sublimes. Técnica pura, genialidad contenida.

Su primera victoria, 2020
En un año en que mantuvo su perfil de centrocampista goleador pese un no buen año colectivo en Barcelona, Messi llegó a Lima con Argentina para llevarse su primer triunfo, un 0-2 sencillo.
Sería la última vez que pisaría Lima como jugador del Barcelona. Sin mucho esfuerzo, casi cómodo y con la lucidez de sus pases y gambetas a media máquina, Messi tampoco tuvo una noche impresionante. Le alcanzó con ser Argentina y tener un Perú muy discreto al frente.

Su mejor actuación
Fue en el 2023, cuando ya era jugador de Inter Miami, que Messi llegó a Lima para romper su mala racha goleadora y cumplir con su mejor actuación en nuestra capital.
Noventa minutos y dos goles dibujaron una noche memorable para el argentino que hizo lo que le dio la gana en el Nacional de Lima. Primero un toque en primera para vencer a Gallese, sutil, y luego otro derechazo, esta vez rasante, para firmar su mejor versión en Lima. Sin correr, sin agitarse, sin grandes gambetas, pero experto en saber dónde ubicarse y cómo definir con arte.

La noche Monumental
En verano del 2025 volvió a Lima, pero esta vez con el Inter Miami. Lleno total, amistoso en la Noche Crema, el argentino disputó 72 minutos en Ate.
Dueño de la pelota parada, bastante retrasado, gestor del pase profundo y muy hábil para asociarse y buscar el centro o pase largo, Messi seguía siendo una biblioteca de recursos, aunque acompañado de un equipo liviano.
Gabriel Costa, entonces crema, tuvo la fortuna de derribarlo y luego ofrecerle la mano sonriente para levantarlo.
¿Qué Messi veremos en Matute?
Con el Mundial en el horizonte, Messi iniciará en Matute quizá su última temporada en la élite con la selección argentina y en la gran búsqueda por afianzar su hegemonía en la MLS con el Inter Miami.
Con 38 años, Mascherano ha convertido a Messi en un artista libre en los último metros del campo. Sin obligaciones de marca, sin exigencias físicas que lo ahoguen, lo ha reforzado con Germán Berterame, delantero argentino nacionalizado mexicano que costó 15 millones de dólares. A eso se sumará Tadeo Allende, partiendo como una especie de extremo por derecha. Quizá Luis Suárez sea el titular.
Sin piques extraordinarios ni la velocidad demencial del Barcelona, el Messi que veremos esta noche es uno que es más veloz que el resto a partir de su vista panorámica, que lo hace intuir a dónde irá la pelota para estar siempre bien ubicado, y de su lectura de juego salvaje que le permite generar asistencias imposibles. Un Cueto más joven.
Un artista en sus últimos pincelazos. Una leyenda que parece ser despedida de pie.
