09/08/2022

El milagro de Les Herbiers: como si tu equipo de amigos jugara la final de la Copa

Jueves 19 de Abril del 2018

El milagro de Les Herbiers: como si tu equipo de amigos jugara la final de la Copa

Procede de una localidad que cuenta con la mitad de la población de Agronomía y con un estadio más chico que el de Excursionistas. Juega en la tercera categoría y disputará la final de la Copa de Francia.  En Nord-Pas-de-Calais, al norte de Francia, los empleados postales de la comedia francesa Bienvenidos al

Procede de una localidad que cuenta con la mitad de la población de Agronomía y con un estadio más chico que el de Excursionistas. Juega en la tercera categoría y disputará la final de la Copa de Francia.  En Nord-Pas-de-Calais, al norte de Francia, los empleados postales de la comedia francesa Bienvenidos al

En Nord-Pas-de-Calais, al norte de Francia, los empleados postales de la comedia francesa Bienvenidos al País de la Locura ("Bienvenue chez les Ch'tis", su título original en francés) viven el fútbol como un compartido espacio de desahogo. Hinchas del Lens, gritan en el Felix Bollaert -su estadio, su otra casa- todo aquello que la semana laboral les quita. Y la mansedumbre del fin de semana se deshace en las tribunas repletas. El resultado del partido se parece a un anexo no tan relevante para el evento. Ellos están ahí porque buscan otra cosa: ser parte de un momento de todos. La escena sucede en una película. Y en cada fin de semana en el que el fútbol francés se presenta en esa región.

También allí, donde hasta hace algunos meses dirigió Marcelo Bielsa al Lille, uno de los asombros más grandes de la historia del fútbol francés y del mundo sucedió hace casi dos décadas, en 2000. El Calais Racing Union Football Club -entonces un equipo sin sueldos fijos ni premios, perteneciente a la tercera categoría- llegó hasta el partido decisivo de la Copa de Francia -la más importante para los galos- tras dejar en el camino, por ejemplo, a Estrasburgo y a Burdeos, dos equipos de Primera.

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Antes y después hubo un puñado de casos afines de equipos de tercera (Nimes en 1996; Amiens en 2001; y Quévilly en 2012). Pero ninguno tan impactante como aquél Calais. Todos cayeron en la final. Hasta ahora...

La magia vuelve a suceder. Cambió de nombre y se corrió de ubicación. Más al oeste, en Les Herbiers un equipo de tercera categoría que lleva el nombre de su localidad que tiene 17.000 habitantes (la mitad, por ejemplo, que el barrio de Agronomía) y que cuenta con un estadio con capacidad para 5.000 espectadores (más chico que la cancha de Excursionistas o Sacachispas) jugará el 8 de mayo la final de la Copa de Francia frente al París Saint Germain, el equipo que más invirtió en el último mercado de pases de Europa. La manifestación más extrema de David y Goliat. La Galia de Asterix y Obelix contra el Imperio Romano en plena expansión.

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Parece inverosímil, pero así acontece: se arma un equipo con gente de un pueblo, de un barrio. Casi todos amateurs o semiamateurs. Es cuestión de imaginar: se llama al que hace el reparto en el almacén, que es joven y dicen que juega bien. Y que anda en bicicleta todo el día. "Está entrenado", deben pensar. Lo convocan al profesor de matemática del colegio secundario, el mismo al que los alumnos suelen invitar a sus picados del pueblo. Al entrenador -que no se sabe si terminó el curso o si alguna vez lo hizo- le cuentan que el mecánico de su auto es un arquerazo y que alguna vez probó suerte en un equipo profesional. Y lo cita para participar. Del médico, que es grandote, todos imaginan que será un excelente marcador central. Entonces, se juntan todos y se arma un equipo para representar al club de su localidad lejana, que fue fundado hace casi un siglo (en 1919) y que nunca trascendió más allá de la mínima geografía del barrio. Y ahí está el plantel, listo. A jugar. O algo así.

Así fue, de varios modos, casi toda la existencia de Les Herbiers, que vivió -y vive- la temporada 17/18 abrazado a una prioridad: evitar el descenso. Está a tres puntos de la zona roja, con un partido más disputado respecto de sus rivales directos. El detalle le ofrece, claro, más carácter épico a la campaña copera.

Esta temporada, ya en el tercer escalón del fútbol francés (de por sí, un gran logro para un equipo de sus características), Les Herbiers cuenta con un presupuesto de un millón y medio de euros. Una cifra de escándalo para su pasado de migajas. Un vuelto respecto de su rival para la final, el PSG, que le paga ese monto a Neymar cada dos semanas. Por eso, el sólo hecho de haber llegado a las semifinales resulta un campeonato económico: se garantizó poco más de 800.000 euros.

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La Copa de Francia, nacida en 1917, permite estas historia factibles para el mítico programa de Ripley, aquel que retrataba situaciones increíbles. Es el torneo más numeroso del mundo y también el que más kilómetros comprende: participaron -en la actual edición- 8.506 equipos de destinos tan dispares y distantes como Nueva Caledonia (en Oceanía), Guayana (en Sudamérica), Martinica (en el Caribe), Mayotte (al sur de Africa), París, Marsella, entre tantos otros.

El recorrido de Les Herbiers fue arduo y encontró en los sorteos y en algunos tramos el abrazo del azar. Cuando en los cuartos de final se cruzó con el Lens, de la Ligue 1, igualó sin goles y se impuso por penales. Antes, con un alargue incluido, eliminó a tres equipos de quinta categoría, uno de cuarta y uno de segunda (Auxerre, cuatro veces campeón de esta Copa local y genial; la última vez, en 2005). En las semifinales, le tocó el Chambly, otra historia de ensueño, un club familiar de un pueblo de 10.000 personas. Otro asombro de esta competición y de esa instancia previa a la final: en el Stade de la Beaujoire, en Nantes, había 34.653 hinchas que llenaron cada rincón de cada tribuna. Suma sencilla: había más gente que la que habita en las dos localidades sumadas, Chambly y Les Herbiers.

Los hinchas, de festejo, en las semifinales en Nantes. Una fiesta para siempre. (AFP)

El festejo de Les Herbiers, en Nantes, en la semifinal ante Chambly. (AFP)

La final del 8 de mayo se disputará en el Stade de France. El diario L'Equipe señala que será el partido del año para el fútbol galo. Hace 18 años, aquel indomable Calais de amateurs se puso en ventaja en el primer tiempo. El Nantes -que contaba con el argentino Néstor Fabbri- le empató en la segunda mitad. La posibilidad del milagro duró hasta el último de los instantes. Fue necesario un penal de esos que hoy necesitan VAR para que el sueño terminara roto, cerquita del último suspiro.

El uruguayo Eduardo Galeano ofreció alguna vez sus palabras a aquella historia de vencidos vencedores: "El negocio del fútbol, como todos los negocios, está organizado para recompensar a los más fuertes. A veces, sin embargo, los países imprevistos y los clubes chicos, sin ningún valor de mercado, rompen las rutinas del poder. Hace algunos años, el club Calais, un equipo de aficionados de poca experiencia y poca hinchada, fue casi campeón de Francia. Perdió la final por un pelito, por culpa de un penal dudoso". Ahora, los muchachos de Les Herbiers van por la revancha de los rezagados. Quizá por uno de los milagros más grandes de la historia del fútbol.

Nada menos.




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