Tras frustrarse la venida de Gustavo Álvarez, Luis Antonio Venker de Menezes, mejor conocido como Mano Menezes, se convierte en el séptimo entrenador brasileño que se pone el buzo de la selección nacional. Con 29 años en la profesión, el nacido en Rio Grande do Sul ha dirigido a los principales clubes de su país y, por un corto período, al ‘Scratch’. Tiene 63 años, solo tres menos que cuando llegara Elba de Padua Lima ‘Tim’, el querido técnico paulista que dirigiera a la blanquirroja entre 1981 y 1982.
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El esteticismo no es lo suyo. Menezes prioriza el fútbol práctico en función de las herramientas que tiene a mano. Pero su elección viene de la mano de otro mensaje más profundo, acorde a los tiempos que vive el fútbol peruano: es un hombre de carácter, amante de la disciplina. Hace poco más de un año, cuando dirigía a Fluminense, tuvo un fuerte altercado con Marcelo, el mítico lateral de las selecciones brasileñas, en un partido ante Gremio. Se jugaban 89 minutos y ordenó su ingreso, lo que no le gustó al jugador, quien consideró la decisión una falta de respeto. Menezes no se hizo problemas y cambió de opinión. Tres días más tarde, el futbolista rescindió contrato con el ‘Flu’.

Menezes no solo deberá sacar petróleo de donde no hay, sino también poner en claro las libertades que tendrán nuestros jugadores bajo su mando. Si bien el presunto delito que se le imputa a Zambrano, Trauco y Peña no tiene parangón, no quiere decir que su (auto) exclusión haya sido una suerte de profilaxis para el camarín. Desde Leopoldo Basurto, quien se escapara de la Escuela de Hidroaviación semanas antes del inicio del Sudamericano de 1927, la indisciplina ha sido moneda corriente en la selección (y, ni qué decir, en los clubes). Gracias a los podcasts de ciertos exjugadores hemos podido conocer situaciones rocambolescas, cuidadosamente silenciadas (como cuando un jugador disparó un arma de fuego dentro de la concentración para “desestresarse”), hasta detalles de juergas de las que apenas se conocían rumores.
Futbolísticamente, el brasileño no tiene mucho de dónde elegir. A experimentados como Gallese, Araujo, Abram, López, Polo, Flores (y quizás Advíncula), tendrá que sumar a los Garcés, Noriega, Inga, Pretell, Quispe, Ramos, Concha y Grimaldo. Acoplar a los Cari, Maxloren y Chávez será un ejercicio mayor. Luego, solo le queda rascar la olla hasta donde se pueda. Con clubes que entre extranjeros y nacionalizados pueden saltar a la cancha sin un peruano de nacimiento, lo tendrá cuesta arriba. Es cierto que entrenar a la selección nunca ha sido fácil, pero el contexto hace que esta ocasión supere a cualquier otra.