El Super Bowl dejó hace tiempo de ser solo un partido. Es un ritual global que combina deporte, música, espectáculo y mesa compartida. En su sexagésima edición, el evento vuelve a reunir a millones de espectadores en todo el mundo y, en Lima, encuentra un punto de encuentro que apuesta por trasladar esa experiencia a un formato urbano, contemporáneo y sensorial.
Minor Hotels Europe & Americas —propietario y operador de más de 640 hoteles en 59 países— propone vivir la transmisión del Super Bowl en nhow Lima, un espacio que se suma a la celebración con una puesta en escena pensada para quienes entienden el evento como algo más que cuatro cuartos de juego. Desde las 6:15 de la tarde, el hotel activará una experiencia audiovisual envolvente, con pantallas de gran formato que permitirán seguir cada jugada y cada pausa con la intensidad que exige la cita.
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El atractivo, como suele ocurrir, no se limita al campo. El show de medio tiempo, convertido ya en una tradición paralela al partido, será uno de los momentos más esperados de la noche. Esta edición contará con la participación de Bad Bunny, uno de los artistas más influyentes del panorama musical actual, recientemente ovacionado en Lima, además de la banda Green Day, encargada de abrir el espectáculo. Música, nostalgia y actualidad dialogando en un mismo escenario.

La propuesta se completa desde la cocina. Para la ocasión, nhow Lima ha diseñado un “Super Bowl Menu” inspirado en la gastronomía americana, con platos pensados para compartir y comer sin solemnidad: buffalo wings con crudités y papas fritas con mayonesa de queso azul; baby back ribs glaseadas con salsa barbacoa de bourbon; nachos con frijoles refritos; hamburguesas smash con cheddar y tocino; además de papas crocantes acompañadas de dips como chipotle ahumado, guacamole y mayonesa de ajo. Los precios parten desde los 35 soles.
En la barra, la experiencia continúa con una carta de coctelería que acompaña el ritmo de la noche. Opciones como el Apple Collins —con vodka y jarabe de manzana—, el Kiuru Martini —a base de gin y vermouth bianco— o el Watermelon Sour con pisco y sandía, refuerzan la idea de una celebración pensada para quedarse hasta el final.
Así, el Super Bowl se vive en Lima no solo como una transmisión deportiva, sino como una excusa para reunirse, comer bien y sumarse a una tradición que, año tras año, confirma su lugar en la cultura popular global.